My Teheran for Sale, una película sobre la clandestinidad artística en Irán, dirigida por Granaz Moussavi, es un retrato en forma de collage sobre la vida de los habitantes de Teherán y como tratan de saltarse las restricciones culturales. No es una invitación a escapar de esa situación, porque la huida no es la única salida, dijo la directora en un encuentro con los medios de comunicación tras el pase de prensa de la película que compite en la sección oficial del Festival de Cine.
La directora de la película aseguró que su intención era mostrar la vida urbana de Teherán y detrás de las puertas y paredes, lo que el cine iraní no ha enseñado hasta ahora, la vida de unas personas, millones, que viven en grandes ciudades y que no son muy diferentes a las que viven en los países occidentales.
Sobre las complicaciones del rodaje reconoció que tuvo que jugar con la ambigüedad por motivos seguridad debido a las restricciones del régimen iraní. Puso como ejemplos el tipo de ropa, el contacto físico o el pelo, que debe estar cubierto. La situación en Irán es confusa, no hay leyes escritas y todo se puede manipular. Lo que está prohibido hoy puede no estarlo mañana. Todo parece una montaña rusa, nadie sabe lo que viene después, por eso me cuidé de excederme, añadió.
Granaz Moussavi dijo que no espera que la cinta se pueda ver en las salas de cine en Irán, pero aclaró que la gente busca otros caminos para acercarse a la cultura y que el público siempre encuentra la manera de hacerlo. En este sentido recordó como muestra en la cinta la relación de los iraníes con la tecnología – teléfonos móviles, ordenadores, internet…- para mostrar y ver lo que ocurre.